Máquinas concebidas para funcionar todo el día:

Las lavadoras y secadoras de lavandería son aparatos profesionales robustos, previstos para un uso intensivo y mantenidos con regularidad: limpieza, descalcificación, revisión de juntas y filtros. Como encadenan ciclos a temperaturas y velocidades de centrifugado elevadas, se aclaran permanentemente y no se estancan como puede hacerlo una máquina doméstica poco utilizada.

Una lavandería bien cuidada es un local limpio y luminoso, donde se limpian el suelo y las superficies y se señalan las máquinas fuera de servicio. Es el caso de una dirección instalada desde hace mucho tiempo, que debe su fidelidad a la confianza de sus clientes del barrio.

Por qué su ropa sale más sana:

Poder lavar a 60 °C, o incluso más, es una verdadera ventaja higiénica: esas temperaturas eliminan gran parte de las bacterias y de los ácaros, algo que muchos evitan en casa para ahorrar energía. Resulta especialmente útil para la ropa de cama, las toallas, la ropa de trabajo o la ropa de una persona enferma.

El centrifugado potente y el secado en caliente completan el saneamiento al retirar la humedad en la que se desarrollan los microbios. El resultado: una ropa no solo limpia, sino realmente saneada.

Los buenos hábitos de cada uno:

La higiene de una lavandería es también una cuestión de civismo. Algunos gestos: no sobrecargar las máquinas, retirar la ropa en cuanto termina el ciclo para liberar el aparato, limpiar el filtro de pelusas de la secadora antes o después de usarla y no dejar residuos.

Evite lavar ropa manchada de productos químicos o de pintura, que podría molestar al siguiente usuario. Respetando estos gestos sencillos, cada uno garantiza a todos una lavandería agradable y limpia.